Yavé dijo a Moisés:”Sube a los más alto del monte y detente allí. Yo te daré una tabla de piedra con la enseñanza y los mandamientos que tengo escrito en ellas, a fin de que los enseñes al pueblo” (La Biblia, Éxodo 24,12). Desde mucho antes, el hombre se ha regido por reglas y leyes. Estas le han servido para llevar una vida más ordenada, pero no siempre las respetan o cumplen.Los diez mandamientos, que ya conocemos, son leyes muy importantes. Pero debemos considerar que amar a Dios es esencial en la vida humana, sin dejar a un lado los otros decálogos. Amar a Dios sería el primer mandamiento que considero indispensable en mi vida. Además, agregaría otros. Primero, respetar a los demás para que a mí me respeten. Esto implica deferir sus ideas, creencias, costumbres y razas, ya que es básico para tener buenas relaciones interpersonales.
El segundo, ser sincero y honesto para que un día no me reconozcan como mentirosa y arruine mi currículum de vida. De hecho, hay un dicho que dice: “Cuentas claras, amistades largas”. Tercero, ser tolerante. Si yo no respeto las acciones y las opiniones de los demás, ellos tampoco lo harán. Y por último, cuidar y respetar lo ajeno. Cuando alguien te presta un objeto x es necesario darlo como te lo dieron y devolverlo. Como decía Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.
En conclusión, sino existieran estos mandamientos no habría un mundo ordenado y mucho menos humano. El hombre sería un caos y el mundo sería como Sodoma y Gomorra.




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